2019-06-02

250.- El mundo de la calle


Autor: Bernat

La educación es un tema de muy difícil tratamiento. No en vano, en la actualidad, se dan unos factores inéditos en la historia de la civilización occidental. Una vez aparecida y consolidada la democracia que eliminó –o casi eliminó- la enseñanza religiosa de la educación escolar y a cuya eliminación se achaca la falta de valores –algo completamente falso- hay que plantearse el origen de la decadencia educacional desde perspectivas muy complejas que abarcan muchos factores desconocidos hasta el momento y que desembocan en la triste conclusión de que es la primera vez en la historia en la que la juventud ha escapado al control de la sociedad.

La desaparición de la represión religiosa –antaño amparada por gobiernos confesionales- ha dado lugar a una nueva libertad tanto de conciencia como de hechos y obras antiguamente prohibidos. Esa nueva libertad, junto con la aparición de los nuevos medios de comunicación –televisión, radio, internet, telefonía móvil- y un neocapitalismo salvaje que aprovecha esa misma libertad para adocenar a la juventud, dan como resultado un "cóctel Molotov" de incalculables consecuencias.

La democracia, como sistema político menos malo, ha provocado unos efectos colaterales impensables por la falta de experiencia combinada con esos nuevos factores. Desgraciadamente, la democracia venía sin libro de instrucciones.

La libertad tan aclamada por una sociedad cansada de irracionalismos religiosos ha desembocado en un cántico al "todo vale", en una anarquía controlada –de momento- y a un hedonismo insaciable que se coloca como objetivo único y final de la existencia olvidando cuestiones tan fundamentales como la prudencia y la templanza a la hora de conseguir tal hedonismo. El afán en convertir la represión en un hecho del pasado ha dado alas al libertinaje casi incontrolado haciendo de la disciplina y de la censura un objeto tabú. Cualquier intento de prohibir o censurar evoca, de forma paranoide, un pasado dictatorial impidiendo llevar a cabo una democracia racional en lugar de evitar que el exceso de libertad se convierta –no en una falta de educación- sino en una mala educación.

La total falta de control de los medios, la influencia salvaje de la publicidad manipulada por el marketing y la –cada vez más pujante- ansia de enriquecimiento de las multinacionales y grandes empresas desembocan en un adoctrinamiento de la juventud que sustituye a aquella catequesis parroquial y escolar dejando las cosas en igualdad de condiciones a la espera de saber cuál de las dos alienaciones es peor.

Así las cosas, no es de extrañar que la juventud adolezca de falta de valores si éstos están ausentes en los medios influyentes que conforman el mundo mediático, a quien le importa más su enriquecimiento -a costa de la alienación de la masa- que procurar un futuro sano a sus posibles clientes del mañana. No es el cometido de esos medios, por supuesto, el educar a la masa, pero, teniendo en cuenta la enorme influencia que ejerce en la misma, deberían estar sujetos a una estrecha vigilancia por parte de los gobiernos impidiendo que los mensajes publicitarios y los programas que emiten las cadenas –tanto de televisión como de radio- tengan como objetivo el ser un medio sin control para conseguir unos fines lucrativos. La falta de vigilancia y la ausencia de unos códigos éticos o deontológicos autoimpuestos en los medios de comunicación y de publicidad hacen casi inútil la labor gubernamental en pro de una buena educación. De nada vale esforzarse en conseguir un buen plan educativo si éste no se ve respaldado por todos los componentes de la sociedad, sobre todo, de aquellos que influyen en tan gran medida anulando la buena labor del personal docente y de los padres en los casos en que éstos realmente ejerzan como tales, ya que la calidad de los progenitores es otro tema espinoso que acarrea enormes consecuencias negativas al ya tan deteriorado panorama educacional y cultural.

Evidentemente, es fundamental una buena educación ya desde sus bases, pero, creo que tan importante como esa misma educación es eliminar los factores "deseducantes".

Llamo "el mundo de la calle" a todos los factores sociales que no son ni el colegio, ni la escuela, ni la familia. Queda, por tanto, la calle misma, con todos sus bares, discotecas, pubs, barrios, parques, plazas y todo lo que está formado por el mundo mediático: televisión, publicidad, internet, radio, prensa, etc. En definitiva, el mundo de la "calle" es cualquier momento en que el adolescente está fuera del alcance y de la vigilancia de los educadores, sean, éstos, los maestros, profesores o los propios padres.

Situados los elementos que intervienen en la educación -y tal como están las cosas en muchos países como el nuestro- se produce un enfrentamiento entre fuerzas "educacionales" y fuerzas contrapuestas que intervienen como opositoras y destructivas de los buenos intentos educativos por parte de los maestros, profesores y de los padres (cuando éstos son, realmente, un factor educativo positivo, teniendo en cuenta que muchos padres no educan, sino que educan mal o –peor aún- son una base directa de una desastrosa y mala educación). Así, pues, tristemente, en países como el nuestro, y en demasiadas ocasiones, todo el trabajo efectuado por los educadores es destruido o, al menos, contrarrestado por el mundo de la calle a través de sus elementos. Dichas fuerzas son demasiado poderosas como para poder ser compensadas por una buena educación escolar y familiar.

El marketing publicitario es un pulpo gigantesco con demasiados tentáculos sin escrúpulos que intentan convertir a la gran masa –no sólo de adolescentes, sino de adultos- en potenciales consumidores de sus productos. Las televisiones y medios de información y radiodifusión –al no tener ninguna responsabilidad educativa (sí en teoría, pero no "de facto")- utilizan todos los medios a su alcance para conseguir el máximo de audiencia a través de espectáculos morbosos, vulgares, chabacanos, completamente faltos de interés cultural o educativo, ya que eso último "no vende". La publicidad que patrocina o acompaña esos mismos programas –como la gran mayoría de toda la televisión y radio-, a su vez, utiliza medios psicológicamente destructivos para conseguir sus fines comerciales.

Vistas así las cosas, no tenemos que extrañarnos de los bajos niveles de educación. No es tanto una "mala educación" sino una descomunal influencia del "mundo de la calle" en la que los adolescentes quedan totalmente fuera del control de la sana educación y en donde –lo que es peor- entran en juego los elementos desestabilizadores y "deseducantes" que hacen casi inútil todo el esfuerzo de los educadores.

El origen de dichas fuerzas corrosivas está en una mal entendida democracia, en la que se han eliminado los métodos de censura a cualquier nivel por entender –inadecuadamente- que en democracia no puede haber censura. Craso error. Muchos son los que evocan fantasmas del pasado cuando se habla de censura. El franquismo surge como espectro resucitado cuando alguien pretende una mayor vigilancia sobre los medios de información, televisión, cine o espectáculos. La violencia, el sexo fuera de contexto, la vulgaridad y la chabacanería en dibujos animados o programas infantiles, convierten en banalidad la misma violencia, las palabras malsonantes, los gestos groseros etc. convirtiéndolos en moneda de uso corriente, no sólo en el ámbito privado, sino en los propios medios de información. Es frecuente ver presentadores de programas utilizando palabras malsonantes, utilizando vocablos incorrectos pervirtiendo el lenguaje o gesticulando de forma grosera o esperpéntica siendo copiados por los jóvenes telespectadores, quienes –en un afán imitador- se convierten en espabilados alumnos de tan desafortunados presentadores.

Informes muy serios (recuerdo algo de Noam Chomsky y otros autores) denuncian la cantidad de violaciones, asesinatos, palizas o malos tratos que pueden llegar a presenciar los niños y adolescentes al cabo de un año a través del cine y la televisión, a lo que hay que añadir los juegos virtuales de ordenador que, como ya es sabido, utilizan demasiadas veces la violencia gratuita como base de tales juegos.

En definitiva, no habrá un plan educativo lo suficiente bueno y eficaz mientras existan todos esos elementos que conformen "el mundo de la calle", un mundo perverso, implacable y despiadado contra el que ni los padres ni los profesores apenas pueden enfrentarse. Estamos en manos de los intereses económicos sin escrúpulos, los cuales utilizan todos los métodos a su alcance para conseguir sus fines y, uno de ellos, es conseguir una juventud alienada y fácilmente manipulable aprovechándose de su inherente debilidad psicológica e inmadurez. Es la sustitución de una alienación –la religiosa- por otra.


11 comentarios :

Diego dijo...

No sé si estoy de acuerdo con tu artículo.

Lo de la democracia como cura de todos los males (exagero) fue una ilusión desde un principio, porque hay males sociales que no se curan con votos.

Pasando a la educación, siempre se supo que "el mundo de la calle" tiene mucha más influencia que la escuela. Al ser un lugar al que se va generalmente de mala gana y sólo para aprender muchas cosas que ni siquiera te interesan, es una obligación de la que nadie espera que pueda modificar seriamente todo lo que está fuera de ella (que, como decís, es casi todo).

Pongamos también en el cóctel que la pedagogía sigue líneas de pensamiento casi mágico (baste ver los intentos pedagógicos en que el alumno tiene poco menos que divertirse para que le den ganas de estudiar, por lo que todo se simplifica en aras de no traumar al pobre niño).

Se ponen demasiadas expectativas en la educación, y en los casos de desempleo alto y pobreza, hasta se la propone como solución (si te educás y capacitás vas a tener empleo, etc.).

No hay evidencias de que los videojuegos o filmes violentos aumenten la agresividad. En la mayoría de los casos, sirven como válvula de escape (de la violencia y del aburrimiento).

Me parece que lo que más influye (y en esto sí tienen que ver la publicidad y los medios, entre otros factores) es el cambio de generación y sus costumbres. Hay tendencias al mayor aislamiento, de exaltación de las emociones, la búsqueda de la satisfacción inmediata y el individualismo extremo.

No sé si estarás de acuerdo, pero igual gracias por hacerme pensar un rato en esta noche lluviosa. Saludos a la barra.

Bernat dijo...

Yo tampoco tengo evidencias de que los videojuegos o films violentos aumenten la agresividad. Me baso en sociólogos e intelectuales que sí lo dicen. Aún así, si no aumentan la violencia, seguro que la banalizan y de ahí a provocarla, hay sólo un paso.

Si yo tuviera hijos y viera que alguno de ellos juega o ve un film violento en donde se exhibe violencia gratuita, no esperaría a los resultados de los estudios de los sociólogos, simplemente le prohibiría esos juegos o la visión de ciertas películas.

Bernat dijo...

Me parece que lo que más influye (y en esto sí tienen que ver la publicidad y los medios, entre otros factores) es el cambio de generación y sus costumbres. Hay tendencias al mayor aislamiento, de exaltación de las emociones, la búsqueda de la satisfacción inmediata y el individualismo extremo.

Totalmente de acuerdo. Aquí se podría hablar del cambio de costumbres y gustos relacionados con las modas: pearcings, tatuajes, pantalones cagados, la camisa por fuera de los pantalones, trajes con corbata pero con zapatillas deportivas, pantalones rotos, etc. etc. Yo, a dichas modas, las llamo "modas contestatarias antisistema". No obedecen a una búsqueda de nuevas formas de estética, sino a un espíritu de contradicción y de rebeldía que se opone a lo establecido por sistema. Lo mismo ocurre con la música. Desde hace casi un siglo, la música moderna no ha surgido como resultado de una búsqueda de nuevas formas de estética musical, sino como forma de contradecir los gustos del mundo "de los mayores".

La música tecno, el rap, el break dance, etc. son movimientos musicales surgidos de ese espíritu de contradicción gratuito e injustificado que se opone por sistema.

Riskov dijo...

Sí, Bernat, este sistema está sustituyendo las antiguas doctrinas por otras nuevas. Pensábamos que la cultura y la libertad iban a liberarnos de creencias antiguas pero no sospechábamos que, en su lugar, iban a introducirse creencias nuevas "a la carta", individualistas y hedonistas, que dan lugar a lo que estamos viviendo sobretodo en la juventud.

Estos jóvenes están poco animados por la democracia, en unos países con altas tasas de paro y/o precariedad laboral, donde la mayoría de ellos vivirán peor que sus padres.

Es un error que el sistema deje la influencia cultural en manos de la iniciativa comercial privada.

Bernat dijo...

Nadie podía imaginarse nunca la bajada de pantalones del mundo de los mayores frente a la juventud y adolescencia en general. En mis tiempos, y seguramente os habrá pasado lo mismo, cuando se decía “a las nueve en casa”, a las nueve de la noche se estaba en casa. Ahora, el adolescente que sale de marcha un viernes o un sábado por la tarde, no es sometido a un horario fijo o, si sucede lo contrario, las “nueve” de antes se ha convertido en las dos o las tres de la madrugada. Estamos hablando de adolescentes de quince, dieciséis o diecisiete años.

Hace tan sólo unos 24 años, mi hermano y su mujer, un viernes por la noche, vinieron a mi casa a “hacer tiempo”. Estuvimos de tertulia hasta las tres de la madrugada porque habían quedado con sus hijas adolescentes a esa hora para recogerlas a la salida de una discoteca, ya que mi hermano y mi cuñada, con buen sentido de la responsabilidad, no querían que a esas horas tomaran un taxi y anduvieran por esos lares nocturnos.

Por supuesto que ni mi hermano, ni mi cuñada, ni muchos padres desean que sus hijos adolescentes salgan de marcha hasta horas intempestivas, pero la sociedad nos ha llevado a esa situación completamente irreversible donde los padres se ven obligados por la inercia social a hacer cosas que nunca habrían imaginado.

La juventud ha ido ganando terreno en la sociedad de tal manera que ya está imponiendo sus gustos. En la televisión, radio y prensa, los realizadores, guionistas, directores, etc. son cada vez más jóvenes y son ellos los que imponen los gustos y preferencias ninguneando a ese mundo de los padres y mayores que son dejados de lado. Dicho mundo “de los mayores” ha tenido que claudicar y ya está siguiendo las modas juveniles, la música moderna, etc. en una actitud inmadura.

En España, si eres seguidor de lo que venimos llamando “música culta” (clásica, jazz, ópera y alguna más) te tienes que levantar a las tantas de la madrugada para poder escuchar algo de dicha música, la cual se ha relegado a los horarios de menor audiencia siendo sustituida por todo lo moderno que se impone de forma taimada y sin darnos cuenta.

Serge dijo...

Hablando de democracia, me temo que el término es usado y abusado de tal manera, que ha sido vaciado de contenido y valor. Para algunos, la palabra democracia, demócrata o democrático, es casi un término mágico, desde luego es usado como término talismán.

Hay que recordar que hay países que llevan en su nombre el término "democrático", y no lo son.
Argelia (República Argelina Democrática y Popular)
Congo (República Democrática del Congo)
Corea del Norte (República Popular Democrática de Corea)
Etiopía (República Democrática Federal de Etiopía)
Laos (República Democrática Popular Lao)
Nepal (República Federal Democrática de Nepal)

Hasta la antigua Albania, durante un tiempo se llamó República Democrática de Albania. Y no olvidemos la desaparecida República Democrática Alemana.

No sé si me dejo alguno. A sí:

El Estado de Ciudad de Vaticano, una monarquía absoluta: El rey tiene el poder absoluto. En ella no existe división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial).

Lo siento, si no os gusta el comentario.

Bernat dijo...

El comentario es pertinente a pesar de que toca el tema sólo de pasada, ya que el tema principal es la educación en el mundo democrático y no la democracia en sí. Aún así, considero que ese apunte es oportuno en tanto en cuanto la educación actual es fruto de los sistemas democráticos donde se abusa -como tú dices- de su significado.

Da la sensación de que el hecho de que un país sea democrático ya es un "marchamo de calidad" y que la educación dentro de los estados democráticos es la mejor. No obstante, me niego a creer eso. No puede haber una buena educación si tanto los profesores, maestros y los propios padres pierden la autoridad y no se les respeta, y eso es lo que sucede, al menos, en España como fruto de una democracia mal entendida.

Riskov dijo...

Hay palabras que tienen una sacralidad laica, como el ejemplo de democracia. También libertad, igualdad y, últimamente, feminismo.

El problema de elevar a sagrada una palabra es que ya la puede utilizar todo el mundo en cualquier circunstancia. ¡Incluso en los más duros años de ETA, esta decía que era democrática! Con esto se pierde el sentido real.

Y, en consecuencia, los no democráticos, es decir, los fascistas, siempre son los adversarios.

Anónimo dijo...

RESPUESTA A ANYELINA (BLOG ATEO)
http://anyelinasworld.blogspot.com/2006/04/sobre-la-existencia-de-dios.html

Empiezas diciendo que no hay una sola definición de Dios, pero lo que escribes apunta a la religión judía / cristiana.

Y es cierto, cada religión da su definición de Dios. Lo que hay que validar es si esa religión es cierta o no.

Comparar a Dios con algo físico es contrario a lo que la misma Biblia cristiana dice: "Dios es Espíritu". Por tanto, no podrás obtener una prueba física o química de ese Dios. Pero, la misma Biblia cristiana dice: "Lo invisible de él, su poder y deidad, se hacen visibles y comprensibles mediante las cosas hechas." Y en Hebreos: "...lo que vemos fue hecho de lo que no se veía".

Debes analizar esto: La pera es perceptible para nuestros sentidos, pero no podemos ver los constituyentes subatómicos y demás sutilezas detrás de esa forma. La realidad NO es solo esto que percibimos.

Otra cosa, la Conciencia NO se ve, ni es definida en términos materiales de masa, porosidad, etc., pero todos sabemos que hay Conciencia porque somos conscientes de nuestros estados. Y si dices que la Conciencia es un producto del cerebro, deberás demostrar científicamente esa afirmación. Nota: EL MATERIALISMO NO EXPLICA EL ENIGMA DE LA CONCIENCIA. https://aeon.co/essays/materialism-alone-cannot-explain-the-riddle-of-consciousness


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No soy cristiano, pero pienso que los ateos antes de escribir tonterías al menos sepan de la teología de la religión que atacan directa o indirectamente.

Jack Astron dijo...

Anónimo, tu comentario no tiene relación con el tema de esta entrada.

Anónimo dijo...

Tremendo disparate con tal de colar la teología como algo a la altura de la ciencia,si se SABE que la conciencia es producto de la actividad cerebral, igual que las emociones y sentimientos, si alguien sufre un trauma,lesión o enfermedad que afecta su cerebro,puede verse afectada su conciencia en diferentes formas,la conciencia como sentimientos o emociones no se "ven"o se "miden",pero si sus efectos, lo que no se sabe bien aún son los procesos cerebrales que actúan en la conciencia,deja de ver maguferias y busca información seria,aunque vaya en contra de tus creencias.