2009-12-05

7.- El sentimiento religioso cósmico de Albert Einstein


En el artículo que presento a continuación, Albert Einstein explica su visión acerca de las religiones.


SOBRE RELIGION

Escrito expresamente para el New York Times Magazine. Publicado el 9 de Noviembre de 1930 (pp. 1-4). El texto alemán fue publicado en el Berliner Tageblatt, el 11 de Noviembre de 1930.

Todo lo que ha hecho y pensado la especie humana se relaciona con la satisfacción de necesidades profundamente sentidas y con el propósito de mitigar el dolor. Uno ha de tener esto constantemente en cuenta si desea comprender los movimientos espirituales y su evolución.

Sentimiento y anhelo son la fuerza motriz que hay tras todas las empresas humanas y todas las creaciones humanas, por muy excelsas que se nos quieran presentar. Pero, ¿cuáles son los sentimientos y las necesidades que han llevado al hombre al pensamiento religioso y a creer en el sentido más amplio de estos términos?

Un poco de reflexión bastará para darnos cuenta de que precediendo el nacimiento del pensamiento y la experiencia de lo religioso están las emociones más variadas.

En el hombre primitivo, es sobre todo el miedo el que produce ideas religiosas: miedo al hambre, a los animales salvajes, a la enfermedad, a la muerte. Como en esta etapa de la existencia suele estar escasamente desarrollada la comprensión de las conexiones causales, el pensamiento humano crea seres ilusorios más o menos análogos a sí mismo de cuya voluntad y acciones dependen esos acontecimientos sobrecogedores.

Así, uno intenta asegurarse el favor de tales seres ejecutando actos y ofreciendo sacrificios que, según la tradición transmitida a través de generaciones, les hacen mostrarse propicios y bien dispuestos hacia los mortales.

En este sentido, hablo yo de una religión del miedo. Esta, aunque no creada por los sacerdotes, se halla en un grado notable afianzada por la formación de una casta sacerdotal que se erige como mediadora entre el pueblo y los seres a los que el pueblo teme y logra sobre esta base una hegemonía.

En muchos casos, un caudillo o dirigente o una clase privilegiada cuya posición se apoya en otros factores, combina funciones sacerdotales con su autoridad secular a fin de reforzarla; o hacen causa común con la casta sacerdotal para defender sus intereses.

Los impulsos sociales son otra fuente de cristalización de la religión. Padres y madres y dirigentes de las grandes comunidades humanas son mortales y falibles.

El deseo de guía, de amor y de apoyo empuja a los hombres a crear el concepto social o moral de Dios. Este es el Dios de la Providencia, que protege, dispone, recompensa y castiga; el Dios que, según las limitaciones de enfoque del creyente, ama y protege la vida de la tribu o de la especie humana e incluso la misma vida; es el que consuela de la aflicción y del anhelo insatisfecho; el que custodia las almas de los muertos.

Esta es la concepción social o moral de Dios.

Las Sagradas Escrituras judías ejemplifican admirablemente la evolución de la religión del miedo a la religión moral, evolución que continúa en el Nuevo Testamento.

Las religiones de todos los pueblos civilizados, especialmente los pueblos del Oriente, son primordialmente religiones morales.

El paso de una religión del miedo a una religión moral es un gran paso en la vida de los pueblos.

Y sin embargo, el que las religiones primitivas se basen totalmente en el miedo, y las de los pueblos civilizados sólo en la moral es un prejuicio frente al que hemos de ponernos en guardia. La verdad es que en todas las religiones se mezclan en cuantía variable ambos tipos, con esa diferenciación; que en los niveles más elevados de la vida social predomina la religión de la moral.

Común a todos estos tipos de religión es el carácter antropomórfico de su concepción de Dios. En general, sólo individuos de dotes excepcionales, y comunidades excepcionalmente idealistas, se elevan en una medida considerable por encima de este nivel.

Pero hay un tercer estado de experiencia religiosa común a todas ellas, aunque raras veces se halle en una forma pura: lo llamaré sentimiento religioso cósmico. Es muy difícil explicar este sentimiento al que carezca por completo de él, sobre todo cuando de él no surge una concepción antropomórfica de Dios.

El individuo siente la inutilidad de los deseos y los objetivos humanos y el orden sublime y maravilloso que revela la naturaleza y el mundo de las ideas. La existencia individual le parece una especie de cárcel y desea experimentar el universo como un todo único y significativo.

Los inicios del sentimiento religioso cósmico aparecen ya en una etapa temprana de la evolución, por ejemplo, en varios de los salmos de David y en algunos textos de los profetas. El budismo, como hemos aprendido gracias sobre todo a las maravillosas obras de Schopenhauer, tiene un contenido mucho más rico aún en este sentimiento cósmico.

Los genios religiosos de todas las épocas se han distinguido por este sentimiento religioso especial, que no conoce dogmas ni un Dios concebido a imagen del hombre; no puede haber, en consecuencia, iglesia cuyas doctrinas básicas se apoyen en él.

Por tanto, es precisamente entre los herejes de todas las épocas donde encontramos hombres imbuidos de este tipo superior de sentimiento religioso, hombres considerados en muchos casos ateos por sus contemporáneos, y a veces considerados también santos. Si enfocamos de este modo a hombres como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza, veremos que existen entre ellos profundas relaciones.

¿Cómo puede comunicar y transmitir una persona a otra este sentimiento religioso cósmico, si éste no puede engendrar ninguna noción definida de un Dios y de una teología? Según mi opinión, la función más importante del arte y de la ciencia es la de despertar este sentimiento y mantenerlo vivo en quienes son receptivos a él.

Llegamos así a una concepción de la relación entre religión y ciencia muy distinta de la habitual.

Cuando uno enfoca la cuestión históricamente, tiende a considerar ciencia y religión antagonistas irreconciliables, y por una razón de lo más evidente. El individuo que está totalmente imbuido de la aplicación universal de la ley de la causalidad no puede ni por un instante aceptar la idea de un ser que interfiera en el curso de los acontecimientos… siempre, claro está, que se tome la hipótesis de la causalidad verdaderamente en serio.

Para él no tiene ningún sentido la religión del miedo y lo tiene muy escaso la religión moral o social. Un Dios que premia y castiga es inconcebible para él por la simple razón de que las acciones del hombre vienen determinadas por la necesidad, externa e interna, por lo que no puede ser responsable, a los ojos de Dios, lo mismo que no lo es un objeto inanimado de los movimientos que ejecuta. Se ha acusado, por ello, a la ciencia de socavar la moral, pero la acusación es injusta.

La conducta ética de un hombre debería basarse en realidad en la compasión, la educación y los lazos y necesidades sociales; no hace falta ninguna base religiosa. Triste sería la condición del hombre si tuviese que contenerse por miedo al castigo y por la esperanza de una recompensa después de la muerte.

Es, por tanto, fácil ver por qué las iglesias han combatido siempre a la ciencia y perseguido a los que se consagran a ella.

Por otra parte, yo sostengo que el sentimiento religioso cósmico es el motivo más fuerte y más noble de la investigación científica. Sólo quienes entienden los inmensos esfuerzos y, sobre todo, esa devoción sin la cual sería imposible el trabajo innovador en la ciencia teórica, son capaces de captar la fuerza de la única emoción de la que puede surgir tal empresa, siendo como es algo alejado de las realidades inmediatas de la vida.

¡Qué profundos debieron ser la fe en la racionalidad del universo y el anhelo de comprender, débil reflejo de la razón que se revela en este mundo, que hicieron consagrar a un Kepler y a un Newton a años de trabajo solitario a desentrañar los principios de la mecánica celeste!

Aquellos cuyo contacto con la investigación científica se deriva principalmente de sus resultados prácticos es fácil que se hagan una idea totalmente errónea de la mentalidad de los hombres que, en un mundo escéptico, han mostrado el camino a espíritus similares a ellos, esparcidos a lo largo y ancho del mundo y de los siglos.

Sólo quien ha dedicado su vida a fines similares puede tener idea clara de lo que inspiró a esos hombres y les dio la fuerza necesaria para mantenerse fieles a su objetivo a pesar de innumerables fracasos.

Es el sentimiento religioso cósmico lo que proporciona esa fuerza al hombre.

Un contemporáneo ha dicho, con sobradas razones, que en estos tiempos materialistas que vivimos la única gente profundamente religiosa son los investigadores científicos serios.

8 comentarios :

Anónimo dijo...

Sobre las bajas en las religiones, eres partidario ¿de las apostasías o de las nulidades bautismales?

Jack Rational dijo...

¡De ambas! (Es mejor no correr riesgos).

Ahora, bromas aparte.

La apostasía es una palabra que tiene mala connotación, pero pienso que debiese ser a la inversa.

Apóstata es quien reniega de una religión que antes practicaba, usualmente porque se la habían inculcado en la infancia, cuando no tenía capacidad de razonar. Pero si esa persona adquiere la convicción de que la religión que le inculcaron es dañina para la sociedad, debiera –si es honesto- renegar de ella.

Por eso pienso que la apostasía es una virtud, ya que es una señal de honestidad intelectual.

Respecto de las nulidades bautismales, me tienen sin cuidado. El bautismo no tiene ningún significado para mí, y las nulidades tampoco. Me da lo mismo si estoy o no anotado en alguna lista de bautizados en alguna iglesia.

Además no les reconozco a los sacerdotes ninguna calidad especial para bautizarme, confesarme, casarme o excomulgarme. Así que por lo que a mí respecta, pueden hacer lo que quieran con sus registros.

Äriastóteles Lumínico dijo...

Hola, Jack. Un texto indispensable, sin duda.

Jordi dijo...

Excelente artículo, Jack.

Sin duda, Einstein ha sido una de esas personalidades poliédricas que han aportado luz a la Humanidad.

Saludos.

genetticca dijo...

"Es el sentimiento cósmico religioso lo que proporciona esa fuerza al hombre"

Muy descriptivo tu artículo.Quien no aprenda algo después de leerlo; no razona.
Pienso que el ser humano ,mortal, necesita creer en un ser superior,inmortal,un ser capaz de crear designios, mover los astros, crear la vida. Para ello necesita una imagen, no le es válida la suposición o la intuición. Necesita ver para creer. Y por esa razón construye ídolos de barro, para adorar a algo que está presente algo que es visible.
Eso forma parte de la ignorancia supina o de la inactividad de la razón y el entendimiento, pues los que necesitan de ídolos no consiguen ver que están creados por ellos.
Mucho mas simple sería investigar, o tan solo observar el cosmos, el universo. Y aceptar ,aceptar que formamos parte de ese milagro que ni las ciencias exactas consiguen descifrar,pero que al menos se esfuerzan en invesatigar.
No se cuanto tiempo hará falta para que se desenmascaren todas las religiones, ni cuantos muertos más se cobraran los dioses de barro.
Lo que si se es qu este negocio de las religiones consigue mantener a raya las revoluciones y los cambios.


un saludo

Pablo Hernández Pérez dijo...

No solo la apostasía tiene una connotación negativa. El ateismo, como tú debes saber, es mucho peor para los creyentes. como si la fe fuera una virtud, y no al revés.

Por cierto, me parece que el bautismo sirve como medida de inclusión en la comniadad cristiana oficial,y que después, en fucnión de los inscritos, reciben dinero del gobierno. Lo leí una vez en alguna parte, aunque no sé cuanto de verdad tendrá eso. Si alguien sabe algo más...

Saludos.

Jack Rational dijo...

Hola genetticca. Concuerdo con tu opinión acerca de que las religiones se construyen alrededor de dioses inventados por el hombre, dioses que premian y castigan, o "dioses personales".

Muchas veces se ha utilizado deshonestamente la religiosidad de Einstein, manifestada en opiniones tales como "Dios no juega a los dados", para tratar de probar que él era creyente en el sentido convencional.

Este artículo de Einstein demuestra que él no creía en un dios personal.

Saludos!

Jack Rational dijo...

Hola Pablo. Ahora me dejaste preocupado. Voy a averiguar lo que dices, y si es así en Chile, voy a pedir mi "nulidad bautismal".