2017-08-02

191.- Libre albedrío: un pseudoconcepto


Autor: Riskov

Es complicado este concepto filosófico en el que, sin embargo, todo el mundo tiene una opinión. ¿Pero está bien formada? Para ello debemos preguntarnos si nuestras decisiones son libres; no en el sentido político, sino en el filosófico.

No he querido entrar en el debate de este complejo tema hasta haber consultado varias fuentes y haber podido formarme una opinión razonablemente fundamentada.

Partimos de la premisa aceptada de que toda decisión está relacionada con unas causas; sin causas, sin estímulos, con apatía absoluta, no se pueden tomar decisiones que nos interesen.

Las causas que terminan en una decisión son múltiples. Podemos enumerar las siguientes:
  • Genéticas: cada persona es ligeramente diferente y tiene ciertas tendencias en mayor grado.
  • Culturales: no podemos sustraernos a esta fuerte influencia.
  • Experiencia: de acuerdo a nuestras vivencias pasadas.
  • Gustos: está relacionada con las tres anteriores.
  • También relacionadas con las expectativas e ilusiones que tengamos.
  • Personas que nos influyen.
  • Etc.
Una suma ponderada (en diferente nivel) de estos factores intervendrá para concluir en una decisión. Nótese que todas ellas están determinadas; no podemos elegir ni cambiar las causas a voluntad. Van variando ligeramente a lo largo de nuestra vida de manera involuntaria.

Ejemplos:
  1. Podemos esforzarnos según la voluntad que tengamos pero no podemos elegir nuestra voluntad.
  2. Elegimos de acuerdo a nuestros gustos pero no podemos elegir qué gustos tener.
  3. Podemos elegir un plato que nos guste menos que otro que comimos ayer, porque no queremos repetir (por la experiencia, que no elegimos). O podemos elegir un plato que nos guste menos por cuestión de salud (expectativas, que tampoco elegimos).
  4. Los creyentes que ¿eligen? doctrina religiosa lo hacen en su casi totalidad de acuerdo al lugar de nacimiento y/o familia. La pequeña minoría que se aparta de esta norma ha sido influida por otros factores determinados.
Una vez que nuestro cerebro (nuestra red neuronal) contempla varias alternativas, siempre elegimos la que nos parece mejor adaptada en esas circunstancias. El concepto de libre albedrío implicaría no escoger la mejor alternativa necesariamente, pudiendo elegir la segunda, o la tercera, o la cuarta… de forma libre. Este es el punto crítico del libre albedrío: ¿realmente podemos rechazar la primera alternativa en favor de otras más abajo en nuestra lista de preferencias?.

Lo anterior no sería favorable evolutivamente; al contrario, si hubiese existido esa posibilidad, el sujeto se encontraría en inferioridad frente a seres que siempre escogen la mejor alternativa.

Sí sabemos que somos conscientes de nuestra identidad y que nuestras decisiones son tomadas por nosotros: nos responsabilizamos de ellas. Pero no debemos confundirlo con libre albedrío. Por tanto, yo sé que tomo mi decisión pero no implica que ella sea libre.

Este argumento es el único, prácticamente, utilizado para defender el libre albedrío. La sensación de libertad, la intuición de que elegimos de acuerdo a nuestra voluntad.

Esta característica sí es entendible en términos evolutivos. Es favorable para el ser humano que se responsabilice de su decisión para que la sienta con mayor interés, que no se sienta apático. Pero no que pueda ignorar la mejor alternativa.

Bajo este argumento esgrimido por los defensores del libre albedrío deberíamos admitir que un perro que tiene la sensación de elegir también lo hace con libre albedrío.

Como resumen: toda decisión está relacionada con unas causas determinadas; de las varias alternativas, elegimos la que nos parece mejor. Somos conscientes de nuestra decisión, aunque esta no es libre.

El libre albedrío es un concepto muy empleado por las principales doctrinas religiosas de nuestra cultura, siendo ensalzado como justificación del mal en el mundo. Con la trituración del libre albedrío se trituran al mismo tiempo esas doctrinas. Es comprensible que los fieles se esfuercen en defender este concepto para poder mantener su doctrina; sin embargo, a la luz de estas consideraciones, ya no es posible.