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2016-11-18

164.- La teología


Autor: Bernat

La subestimación a la que se somete el propio hombre prehistórico ante las fuerzas ineluctables e inexplicables de la naturaleza, contrasta radicalmente con la idea de un ser fabuloso y de incalculable poder al que se le confiere un bagaje de características antropomórficas que dan forma a un ser tan inimaginable como contradictorio. Es la forma más ancestral y primitiva de institucionalizar los propios miedos surgidos de la inherente ignorancia de las causas de todos aquellos fenómenos extraordinarios que han sido desmitificados por la constante labor de la curiosidad humana a través de la ciencia y de la concesión de la total primacía de la razón sobre la sinrazón.

La escalada sin fin de atribuciones divinas -que no son más que las mismas humanas elevadas hasta aquellos puntos inimaginables que desearía su vanidad- empequeñece al hombre desposeyéndolo de una dignidad que le pertenece por derecho propio y que es pisoteada por los entes quiméricos que él mismo inventó, dando lugar a una sumisión a unos poderes necesitados de honores y loanzas, fruto de la soberbia y del orgullo que caracterizan las típicas relaciones de poder en la jerarquía humana.

2016-11-02

163.- Curas que reniegan de sus creencias


Autor: Bernat

A lo largo de la historia de la Iglesia Católica han sido muchos los disidentes, desobedientes, díscolos -y otros muchos epítetos más que implican una discordancia con unos postulados- que, por su irracionalidad, inverosimilitud, increíbles, absurdos y aberrantes, deberían haber desaparecido hace siglos, pero, desgraciadamente la capacidad de alienación del ser humano es infinita.

A partir de la Revolución Francesa, la humanidad occidental dio un cambio radical al quitarle a la Iglesia el poder coercitivo que impedía a sus ovejas salirse del camino impuesto por la institución más perversa que ha existido nunca. Y desde entonces, la libertad de pensamiento, de opinión y de conciencia salieron a flote después de haber sido secuestradas durante poco más de XVIII siglos, permitiendo que millones de personas pudieran ejercer libremente una investigación sobre lo sucedido hace dos mil años con el objeto de saber la verdad acerca de uno de los fenómenos más tristes de la historia humana.

Hoy, dicha institución ya no puede ocultar lo que tanto escondió al pueblo: su vergonzoso origen.