Dios fue concebido hace algunos miles de años, cuando nuestros antepasados pensaban que el universo era la obra voluntaria de un ser todopoderoso que había creado la Tierra, el Sol, las estrellas, los animales, las plantas y por supuesto, al hombre.
Ignorábamos las causas de muchos fenómenos naturales, algunos de los cuales eran aterradores. Las plagas, los rayos, las erupciones volcánicas, los terremotos y los maremotos no tenían explicación, excepto como manifestaciones de la cólera de un ser sobrenatural.El universo parecía ser pequeño y reciente: tenía menos de 10.000 años de antigüedad. El sol había sido creado para darnos luz y calor, las estrellas para iluminar el cielo nocturno y guiar a los navegantes, los animales para ayudarnos en los trabajos pesados y para alimentarnos. Todo giraba alrededor de nosotros, el "objetivo final" de la creación.
NO ESTAMOS EN EL CENTRO
Pero en 1610, Galileo Galilei apuntó un telescopio rudimentario hacia Júpiter y descubrió 4 objetos que lo orbitaban, echando por tierra la presunción humana de ser el centro de la creación.
Júpiter y los 4 satélites avistados por Galileo: Io, Europa, Ganimedes y Calisto.

Además, con el telescopio se observaban muchas más estrellas que a ojo desnudo, y su ubicación en el cielo era independiente de la cambiante posición de la Tierra en su órbita alrededor del Sol, lo que sugería que se encontraban a una distancia mucho mayor que los planetas, y por lo tanto, que el universo era mucho más grande que lo imaginado hasta ese momento.
NO FUIMOS CREADOS
La asombrosa complejidad y diversidad de los seres vivos sólo podía ser explicada a partir de la existencia de un creador, pero a mediados del siglo 19, Charles Darwin concibió una explicación diferente. Su teoría, que se basaba en mutaciones aleatorias combinadas con la selección natural (que no es aleatoria) era coherente con las características de las especies que había descubierto y analizado en sus viajes por el mundo.
La evolución de las especies se ha convertido en la base de la biología moderna, ya que es consistente con los fósiles y los cuerpos de los seres vivos, y con las similitudes encontradas en el código genético de ellos. La evolución no sólo explica el origen de tantas especies de seres vivos, sino que difumina la diferencia entre animales y seres humanos, dificultando la asignación del atributo de la vida eterna a los últimos.
Patas vestigiales en una serpiente marina, evidencia de un ancestro terrestre.

INMENSIDAD DEL ESPACIO
A comienzos del siglo 20, el astrónomo Edwin Hubble se percató de que miles de puntos y manchas en el cielo (que hasta ese momento parecían ser estrellas o nebulosas) eran en realidad otras galaxias, mini universos separados por enormes distancias. Ninguna galaxia estaba en el "centro" del universo, ya que dicho centro no existía. La nuestra era una galaxia más, un grano de arena en una playa de galaxias.
Galaxia espiral, similar a la nuestra, conteniendo ~ 100.000.000.000 estrellas.

Actualmente se estima que el número de galaxias en el universo es del orden de cien mil millones, y que cada una tiene alrededor de cien mil millones de estrellas.
Pequeña fracción del universo conocido. Cada punto es una galaxia.

Nuestra galaxia se encuentra en el centro de la figura, en el Cúmulo de Virgo.
El número de estrellas en el universo es mayor que el número de granos de arena contenido en todas las playas de la Tierra.
Y el asunto no termina ahí. En las últimas décadas se ha fortalecido la hipótesis del multiverso, según la cual las leyes de la física harían inevitable el surgimiento de múltiples universos con distintas leyes y constantes, siendo el nuestro sólo uno en una inmensa cantidad de universos, una pequeña burbuja en una enorme espuma cósmica.
Multiverso: cada burbuja es un universo.

Se espera que el análisis de las observaciones del satélite Planck ayude a confirmar o a descartar indicios de colisiones de nuestro universo primigenio con otros universos.
INMENSIDAD DEL TIEMPO
No sólo ocupamos una ínfima parte del universo actual, sino que además somos recién llegados, una especie nueva en un universo antiquísimo.
La edad del universo es de 13.700 millones de años, la de la Tierra, del orden de 4.600 millones de años y la de la especie humana, de unos 150.000 años.
Las dos primeras cifras muestran que la edad de la Tierra es del orden de 1/3 de la del universo, lo cual tiene bastante sentido, ya que los átomos de los elementos que la componen (incluyendo los de nuestros cuerpos) se formaron en el interior de estrellas que (una vez agotado su combustible nuclear) estallaron, lanzando dichos elementos al espacio. El Sistema Solar no podía surgir en la primera etapa del universo; otras estrellas debían completar su ciclo de miles de millones de años y explotar para sembrar el espacio con los elementos necesarios.
Por otro lado, si se escala la edad de nuestro planeta a un año, la especie humana recién aparece a las 23 horas 43 minutos del 31 de Diciembre, y el "hijo de Dios" nace 14 segundos antes de que termine el año. En contraste, los dinosaurios aparecen el 13 de Diciembre y se extinguen el 26 del mismo mes. Hasta el momento, esas bestias salvajes nos superan en longevidad en un factor de 1.000.
Tierra primitiva, bombardeada por asteroides.

EL UNIVERSO ES LETAL
Para quienes no han internalizado la enormidad del universo revelado por la ciencia, resulta difícil creer que lo que parece un mundo maravilloso, un planeta con montañas, valles, océanos, animales, plantas y flores perfumadas, no sea el resultado de un acto deliberado.
Pero cuando se toma en cuenta la enorme cantidad de estrellas, planetas y lunas en el universo, no resulta tan difícil de creer, ya que casi todos esos planetas y lunas carecen de vida. Nuestro sistema solar es un ejemplo en miniatura: con 8 planetas y cerca de 300 lunas, contiene vida inteligente en sólo un planeta. Tres lunas (Europa, Titán y Encélado) podrían alojar algún tipo de vida más interesante que bichos microscópicos; el resto (99%) son sólo bolas de gas o rocas yermas, con muy bajas probabilidades de hospedar alguna forma de vida.
El universo es, en un 99.99…% letal para la vida, tal como la conocemos. La temperatura en casi cualquier punto de él es extrema (centenares de grados bajo cero o sobre cero), la radiación de las estrellas sin la protección de una atmósfera es mortal, los rayos gamma que emanan de las supernovas esterilizan sistemas estelares, los agujeros negros devoran todo lo que se acerca a ellos, los asteroides y los cometas impactan continuamente planetas y lunas, etc.
Agujero negro absorbiendo materia de una estrella vecina (animación).

La única zona conocida del universo en la cual podemos vivir sin auxilio tecnológico es la biósfera, una finísima capa de agua, tierra y aire (tan delgada como una cubierta de celofán sobre un balón de fútbol) que rodea a la Tierra. Si escalamos el universo a la superficie de nuestro planeta, la biósfera equivaldría a un área microscópica del mismo.
IMPORTANCIA DEL AZAR
El azar juega un papel vital en la aparición de la vida humana en este planeta. Dos de los ejemplos más representativos son los eventos que llevaron a la formación de la Luna y a la extinción de los dinosaurios.
1.- La Luna se formó como consecuencia del impacto de un pequeño planeta cerca del borde de la esfera terrestre, durante la infancia de la Tierra. Con el tiempo, el material lanzado al espacio se aglomeró, tomando la forma de una esfera gracias a la fuerza de gravedad. Ese evento fue crucial para la evolución de la vida, ya que:
- Sin la Luna, el eje de rotación de la Tierra cambiaría continuamente, creando violentas fluctuaciones climáticas que impedirían la evolución de las especies, ya que no tendrían oportunidad de adaptarse.
- Si el impacto hubiese ocurrido en el centro de nuestro planeta, probablemente lo habría destrozado.
Impacto de planetoide da origen a la Luna.

2.- Durante el reinado de los dinosaurios, los antepasados remotos de la especie humana eran pequeños, lo que les permitía refugiarse en cuevas. Los de mayor tamaño tenían más dificultades para ocultarse y eran presas fáciles de los monstruos que deambulaban en los alrededores de sus madrigueras. Ser pequeño aumentaba la probabilidad de dejar descendencia.
Pero otro hecho fortuito revirtió esa situación. Hace 65 millones de años un gigantesco asteroide se estrelló en la península de Yucatán, incinerando la atmósfera y matando a los grandes animales que no tenían donde esconderse.
Los pequeños mamíferos de la época pudieron crecer y diversificarse, dando lugar a un enorme número de especies, una de las cuales es la nuestra.
CONCLUSION
Hemos avanzado mucho desde la época en la que se introdujeron los dioses en la cultura humana. Siglos atrás era razonable imaginar a un ser superior que nos había creado y que intervenía en nuestro mundo y en nuestras vidas.
Pero ahora tenemos evidencia concreta de que este universo es muchísimo más grande y antiguo de lo que la especie humana necesita, que el universo no muestra diseño ni propósito, que la casi totalidad de las estrellas, planetas y lunas del universo no son el hogar de seres vivos, y que nuestra especie surgió como consecuencia de una serie de hechos fortuitos después de un larguísimo proceso de evolución durante el cual otras especies dominaron el planeta.
Todo lo que hemos aprendido acerca del universo gracias al método científico apunta hacia una entidad que evoluciona en forma natural, sin intervención, sin plan, sin una mente maestra detrás.
Los avances científicos han expuesto entonces a Dios como lo que siempre fue: una invención, que ahora está obsoleta.
