Un joven adoctrinado en la religión católica que ha sido víctima de abusos por parte de un sacerdote no puede creer que el cura (un hombre santo, un intermediario de Dios) sea capaz de cometer actos deleznables. La única explicación que encuentra, es que él es responsable de tentar al sacerdote, que él es culpable y el cura una víctima.Este video contiene un estremecedor testimonio de James Hamilton relacionado con el caso Karadima, actualmente reabierto en Chile. A partir del minuto 05:30, Hamilton dice:
…y la gran pregunta es porqué uno engancha en eso, y porqué persiste tanto tiempo. Así que si tú me preguntas, yo creo que eso es lo primero que uno se plantea… porque en este proceso, uno desde el principio, cuando te ocurre un evento así, tú eres culpable. No hay ninguna duda que una persona santa, un sacerdote, obispo, qué sé yo, no puede hacer mal. Por lo tanto hay algo diabólico en uno que desencadena en él una debilidad. Entonces se transforma en que él tiene una debilidad que no puede tolerar, porque uno es tan diabólico, es tan malo, genera un estímulo tan potente, que lo único que le queda a uno es pensar que uno está dañado, que está mal, y ahí tú entras en la magia de este tema, sencillamente tú entras en que tú eres malo, él es el representante de Dios y el que te puede absolver de toda esta maldad,… y para que tú pases del período en que tú eres culpable, hasta darte cuenta que eres víctima… yo me di cuenta a los 39, 40 años, después de tres años de terapia…
La declaración de Hamilton revela una de los consecuencias nefastas del adoctrinamiento religioso de niños y jóvenes, mediante el cual se implanta en sus mentes la idea de que existe un ser sobrenatural infinitamente bondadoso que creó el universo, que los sacerdotes son representantes de ese ser en la Tierra, y por ende, que son hombres santos, incapaces de cometer malas acciones. Además, se les enseña que existen otros seres sobrenaturales, tales como el espíritu santo, un muerto que resucita, una madre virgen, ángeles, santos y demonios, todos los cuales participan en una eterna contienda entre el bien y el mal. El niño abusado se siente entonces parte de esa lucha, y el abusador pasa a ser una víctima en ella.
La tragedia de Hamilton y de tantos otros jóvenes en situación similar proporciona otro motivo para prohibir la enseñanza en los colegios de todas esas historias fantásticas, a menos que los "profesores" puedan demostrar la existencia de los seres sobrenaturales que las protagonizan.